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Corrientes · de Frater Custos · lectura de 15 minutos

El Taoísmo

No es «una filosofía y no una religión». No empieza con un viejo sabio sobre un búfalo. Y el símbolo blanco y negro que todos le atribuyen es, en esa forma, tardío, y su fortuna como emblema del taoísmo es moderna y occidental. Historia documentada de una tradición que a Occidente llega casi siempre del revés.

Empecemos por el nombre, porque el problema está ya ahí. En chino no existe un término único que cubra lo que nosotros llamamos taoísmo. Hay dos: 道家 daojia, «casa del Dao», y 道教 daojiao, «enseñanza del Dao». El primero es una categoría bibliográfica: nace como etiqueta con la que un bibliotecario de la corte Han ordena unos libros, no como autodefinición de una escuela. El segundo aparece más tarde, desde el siglo V, para designar la tradición religiosa organizada en oposición a fojiao, el budismo.

De esta pareja Occidente ha extraído la distinción entre «taoísmo filosófico» — noble, poético, apto para los salones — y «taoísmo religioso» — supersticioso, popular, degenerado. La distinción es cómoda, está en todos los manuales divulgativos, y la rechaza la mayoría de los estudiosos. Kristofer Schipper, que ha dirigido el repertorio crítico del canon taoísta, observa que en el canon mismo los dos términos se comportan como sinónimos intercambiables. Nathan Sivin y Russell Kirkland han mostrado que la separación es una proyección occidental, construida en gran parte por traductores y misioneros del siglo XIX que querían salvar los textos y liquidar las prácticas. Ningún taoísta histórico ha usado nunca aquellos dos términos para distinguir una filosofía de una religión.

Los textos, y lo que la arqueología ha cambiado

El Daodejing se atribuye a Laozi, «el viejo maestro». Que haya existido es dudoso: la biografía más antigua, la de Sima Qian en el Shiji, da de él tres versiones distintas y admite no saber cuál es la correcta — lo cual es, de por sí, la fuente más honesta de la cuestión. El texto no es obra de un autor único: es una estratificación de materiales aforísticos, y su forma se estabilizó con el tiempo.

Dos hallazgos han cambiado el cuadro. En Mawangdui, en 1973, emergieron dos manuscritos sobre seda del siglo II a.C. que presentan las dos partes del texto en orden invertido respecto a la vulgata: primero el De, luego el Dao. En Guodian, en 1993, salieron tiras de bambú datables en torno al 300 a.C. que contienen alrededor de un tercio del texto conocido, en una disposición otra vez distinta. Consecuencia: en el 300 a.C. el Daodejing existía, pero no en la forma que conocemos, y no como libro cerrado.

El Zhuangzi plantea un problema análogo y más neto: de sus treinta y tres capítulos, la filología atribuye al autor histórico solo los siete «internos»; los «externos» y los «mixtos» son de manos y de épocas distintas. El Liezi, que la divulgación cita como tercer clásico, es con toda probabilidad una compilación mucho más tardía, de época Jin.

Dónde empieza de verdad: 142 d.C.

El taoísmo como religión organizada tiene una fecha de fundación y una persona. En el 142 d.C., en el monte Heming, en Sichuan, Zhang Daoling declara haber recibido una revelación de Laozi divinizado y funda la Vía de los Maestros Celestes, Tianshi dao. El movimiento pide a los miembros una contribución de cinco fanegas de arroz — de donde el apodo — y construye en la región de Hanzhong un estado teocrático autónomo que dura unos treinta años, con una estructura administrativa, un sistema de confesión de las faltas y de curación ritual, y hospicios a lo largo de los caminos.

Siguen dos grandes ciclos de revelaciones que dan al taoísmo su literatura: Shangqing, «Suma Pureza», recibida por Yang Xi entre el 364 y el 370, de factura visionaria y contemplativa; y Lingbao, «Tesoro Sagrado», poco posterior, que introduce la liturgia comunitaria y estructura mucho del ritual posterior. Todo esto confluye en el Daozang, el canon, cuya edición superviviente de referencia es la Ming de 1445: casi mil quinientos textos.

La alquimia, y los muertos que causó

La distinción entre waidan, alquimia externa, y neidan, alquimia interna, es cronológica antes que doctrinal. La primera trabaja sobre sustancias — cinabrio, mercurio, plomo, arsénico — y busca el elixir; la segunda, que se afirma desde los Tang en adelante, traslada todo el vocabulario del laboratorio dentro del cuerpo, donde crisol y horno son órganos y la «sustancia» es el aliento.

El paso de la una a la otra tiene una causa concreta y poco espiritual: el elixir mataba. El cinabrio es sulfuro de mercurio; los elixires de larga vida contenían regularmente mercurio, plomo y arsénico, y el envenenamiento crónico producía los síntomas — agitación, alucinaciones, consunción — que se leían como signos de la inminente transformación. Varios emperadores Tang murieron por ingestión de elixires, y las fuentes históricas chinas lo dicen. El neidan es, entre otras cosas, la respuesta racional a un problema toxicológico.

Los textos de referencia siguen siendo el Cantong qi, atribuido a Wei Boyang, que es el tratado alquímico chino más comentado, y el Baopuzi de Ge Hong (283-343 aproximadamente), que es a la vez un manual operativo y una defensa filosófica de la posibilidad de la inmortalidad física.

Qué buscaban de verdad. No «la iluminación» en el sentido que le damos nosotros a la palabra. Buscaban convertirse en xian 仙, inmortales: seres corpóreos transformados, no almas salvadas. Las técnicas documentadas son materiales — control del aliento, gimnasias, dietética, el célebre rechazo de los cereales para privar de alimento a los «tres gusanos» que habitan el cuerpo y aceleran su muerte, prácticas sexuales de conservación. Es una fisiología, equivocada cuanto se quiera, no una metáfora.

De 1949 a hoy

La República Popular instituye en 1957 la Asociación Taoísta China, único canal reconocido. Durante la Revolución Cultural templos, estatuas y textos sufren destrucciones a gran escala y el clero es dispersado. La recuperación empieza en los años ochenta y es hoy considerable pero enteramente encauzada: el taoísmo existe en China como religión reconocida y administrada, mientras que en Taiwán la continuidad ritual, sobre todo de los Maestros Celestes, no se ha interrumpido nunca y es la razón por la que buena parte de la etnografía litúrgica seria se ha hecho allí.

Las cosas que circulan y que no se sostienen

«El taoísmo es una filosofía, no una religión.» Es la fórmula más repetida y no tiene correspondencia en las fuentes: separa dos cosas que los textos y los practicantes mantenían juntas, y lo hace según una jerarquía de valor que es nuestra, no suya.

El símbolo yin-yang no es un antiguo símbolo taoísta. El diagrama blanco y negro con los dos puntos — el taijitu en la forma que todos conocen — se difunde con esta apariencia solo en época tardía; su fortuna como emblema del taoísmo es en gran parte moderna y occidental. La polaridad yin-yang es antiquísima y pan-china; aquel dibujo no, y está por añadidura compartido con el confucianismo neoconfuciano que lo usaba para algo completamente distinto.

El feng shui no es taoísmo. Es un corpus técnico autónomo, de geomancia y orientación, que ha compartido vocabulario y cosmología con el taoísmo como los ha compartido con la medicina y con la astrología. La ecuación feng shui = taoísmo es un producto del mercado occidental del bienestar.

«El libro más traducido después de la Biblia.» Afirmación repetida en todas partes para el Daodejing y carente de una fuente que la sostenga con un recuento verificable. Que esté muy traducido es verdadero y documentable; la primacía no.

El wu wei no es «dejarse ir». En la tradición es no-acción en el sentido de acción no forzada, no contraria a la naturaleza de las cosas — un principio también político, dirigido al soberano que gobierna mejor cuanto menos interviene. La versión contemporánea de manual de crecimiento personal, «fluye con la corriente», es una atenuación que elimina precisamente la parte incómoda.

El Tao de la física de Fritjof Capra (1975) tuvo una fortuna enorme y una recepción académica hostil, tanto por parte de los físicos, que le discuten el uso analógico de la mecánica cuántica, como por parte de los sinólogos, que le discuten el uso de los textos. Hay que leerlo sabiendo qué es: un ensayo de los años setenta, no una fuente.

Cómo llegó aquí, y con qué daños. Las primeras traducciones sistemáticas son misioneras y del siglo XIX — James Legge sobre todo — y traen consigo la rejilla que todavía nos condiciona: el texto filosófico es digno, la práctica ritual es superstición. Luego llega Richard Wilhelm, que traduce el I Ching y El secreto de la flor de oro y los entrega a Jung, el cual los comenta y los hace entrar en la cultura europea como material psicológico. Es el canal a través del cual el taoísmo se convierte en Occidente en una psicología profunda — cosa que nunca ha sido. Sobre el valor de aquellas traducciones conviene ser precisos: el Taiyi Jinhua Zongzhi traducido por Wilhelm es un texto producido por escritura mediúmnica entre 1688 y 1692, no un clásico antiguo, y la traducción ha sido juzgada incompleta e inexacta por quien lo retradujo más tarde del chino. Buena parte de lo que en Europa pasa por «taoísmo» se apoya en aquel doble malentendido.

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Fuentes. K. Schipper y F. Verellen (eds.), The Taoist Canon: A Historical Companion to the Daozang, 3 vols., University of Chicago Press, 2004 · Isabelle Robinet, Storia del Taoismo dalle origini al XIV secolo · Nathan Sivin y Russell Kirkland sobre la crítica a la distinción daojia/daojiao · manuscritos sobre seda de Mawangdui, descubiertos en 1973 · tiras de bambú de Guodian, descubiertas en 1993 · Sima Qian, Shiji, para la biografía de Laozi · Ge Hong, Baopuzi · Daozang, edición Ming de 1445 · Stanford Encyclopedia of Philosophy, entradas Daoism y Religious Daoism.

Grado B. Las fechas arqueológicas, las de las revelaciones y la cronología institucional están verificadas en fuentes académicas. Quedan por precisar, y se declaran como tales: el número exacto de los textos del Daozang, que varía según el criterio de recuento; la identidad y las fechas de los emperadores Tang concretos muertos por elixires, recogidas aquí en forma general; y la datación puntual de la forma canónica del taijitu, sobre la que las fuentes divergen. La tesis de que la distinción filosofía/religión es una construcción occidental es hoy mayoritaria entre los especialistas, no unánime.