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B — parcialmente documentado

El Tío de la mina

Bolivia
Cerro Rico de Potosí, en el que convergen todas las fuentes; la etnografía de primera mano que aquí se cita viene en cambio de Huanuni, en el departamento de Oruro, en el Cerro Posoqoni, y de un rito documentado en mayo de 2009

El Tío de la mina — el dueño del mineral en las minas bolivianas: no se le reza, uno se sienta a su lado los martes y los viernes a compartir coca, alcohol puro y un cigarrillo encendido puesto en la boca de la estatua.

Dentro de una galería de mina boliviana: un minero con casco está sentado en el suelo junto a una figura de arcilla con cuernos, sentada en una hornacina de la roca, con un brazo apoyado en sus hombros y un vaso en la otra mano; a la estatua le han puesto en la boca un cigarrillo encendido, y sobre un paño tendido en el suelo hay hojas de coca. Detrás, un segundo minero vierte un hilo de líquido sobre el suelo. La única luz viene de una lámpara de carburo posada en el suelo.
Variantes y nombres
el Tío. A su lado están la Vieja, asociada a la Pachamama, y, en el caso peruano paralelo, el Muqui. En Huanuni la estatua de la galería principal tiene nombre propio, Tío Ilaco
Qué se cuenta
No es un diablo al que haya que conjurar: es el dueño del mineral, y lo que lo separa de cualquier espíritu minero europeo o norteamericano no es la iconografía — cuernos, pezuñas, falo erecto son repertorio común — sino el régimen de intercambio. Al Tío no se le reza: uno se sienta a su lado. La ch’alla se hace cada martes y cada viernes, en el interior de la mina: se comparte con él un akulliku de coca y un vaso de alcohol puro, y el cigarrillo se le pone encendido en la boca. Cada vaso va precedido de una libación vertida en el suelo al grito de «¡Jallalla maestros!».

La estatua está al fondo de una galería, en una hornacina excavada en la roca: sentada, de arcilla mineralizada tomada de la mina misma, a veces de tamaño natural, con las botas de minero mal puestas. La hace el obrero más hábil de la cuadrilla.
Para qué servíalectura del autor
Dar un dueño al subsuelo y un procedimiento a la muerte en el trabajo. Cuando el Tío «tiene hambre» se hace el qaraku: la fecha canónica es la medianoche del 31 de julio, para abrir agosto, «el mes del diablo». En Huanuni, tras un accidente mortal de mediados de mayo de 2009, se mataron siete llamas — cuatro en el interior de la mina, una en el ingenio, una en el cerro contiguo, una en la sección de relaves —, la sangre se asperjó y se enterró en el lugar del accidente con los huesos atados con hilo rojo, y la carne se coció sin sal, como en la práctica funeraria. Al día siguiente mina e ingenio quedaron cerrados. La razón que daban los obreros era una sola: «El Tío tiene hambre».
Dónde está atestiguado
Rodrigo Ruiz Arrieta, «El Tío de la mina», (con)textos 5, 2011, pp. 63-77 — trabajo de campo en Huanuni, y el texto del que vienen los gestos, los días y el caso de 2009: p. 64 para el Tío Ilaco, de metro y medio, en la galería principal del Cerro Posoqoni; p. 65 para el torito de estaño ch’allado cada viernes con cerveza negra y no blanca «para que la veta pinte»; p. 67 para el cambio de ropa en Carnaval; pp. 72-74 para el qaraku; p. 75 para la convivencia con la Virgen del Socavón.

Gerardo Fernández Juárez, AIBR 8(3), 2013, pp. 303-322: p. 311 para la cadencia martes-viernes, el akulliku de coca, el alcohol, el cigarrillo encendido en la boca y la estatua de arcilla mineralizada; nota 10 de la p. 311 para la datación.

Carmen Salazar-Soler, Anthropologica XXVIII(28), Supl. 1, 2010, pp. 183-215: p. 210 para la ausencia de referencias al Tío antes de la segunda mitad del siglo XIX, p. 191 para el rito dentro del socavón de Julcani con invocaciones conjuntas a la Pachamama y a la Virgen.

Enrique Orche García, Revista de Medio Ambiente y Minería 9(1), 2024, pp. 25-52, §6.3: para la declaración explícita de que en las crónicas incas y virreinales «no se conocen citas concretas referentes a la existencia del Tío de la mina».

Cuatro obras que cualquiera espera encontrar aquí no se han abierto, y hay que decirlo: June Nash, We Eat the Mines and the Mines Eat Us, 1979 (el ejemplar de Internet Archive es de acceso restringido); Michael Taussig, The Devil and Commodity Fetishism in South America, 1980; Pascale Absi, Los ministros del diablo, 2005 (sitio del editor en mantenimiento); Olivia Harris, Chungara 11, 1983, pp. 135-152. Las páginas de Nash que circulan en la red — 123 para la ofrenda de llama, 137 para la ch’alla, ix para la frase que da título al libro — aquí no vienen del libro: vienen de Vaughn y Tripcevich, Mining and Quarrying in the Ancient Andes, Springer 2013, cap. 1. Esa es la razón del grado B.
Atención
La etimología «Tío viene de Dios» la repiten todos y no la demuestra nadie. No se ha logrado identificar a su primer proponente. El argumento que se aduce — que los andinos, sin la letra D, pronunciaban «Tios» por «Dios» — se referiría en todo caso a la pronunciación del nombre del Dios cristiano, no al nombre del dueño de la mina: el paso de uno a otro es una inferencia ajena, no un dato. Y hay un argumento que la hace innecesaria: en aimara lari y en chipaya tulu significan a la vez ‘tío materno’ y ‘diablo’, es decir que la pareja semántica que «tío» realiza en español ya existe en las lenguas locales.

No es la supervivencia de un Supay precolombino. Orche García lo declara improbable y registra la ausencia de citas coloniales concretas. Las tres cosas que sí están en las fuentes de época son otras y no deben confundirse con el Tío: los demonios de las galerías de Solórzano, 1647, que son duendes europeos aplicados por extensión a América; los «bailes de Demonios» registrados en Potosí en 1682, que son danzas y no un culto a una estatua; y las huacas descritas por Cobo y Villagómez, que se parecen al Tío — y un parecido no es una atestiguación.

«Bajo tierra no se invoca a los santos» es falso. Es una de las frases más repetidas y la documentación la desmiente: el Tío «convive con la Virgen del Socavón», hay una capilla en la antigua mina Pie de Gallo, los tataq’achus — cruces de los santos patronos — están en los primeros metros de la galería, y en Julcani las invocaciones conjuntas se hacen dentro del socavón. Lo que aparece no es una prohibición sino un umbral: el cristianismo ocupa la bocamina y la superficie, el Tío posee el interior profundo, y los dos no se excluyen. Es un rasgo mejor que el que se buscaba, y además documentado.

Otras cuatro cosas no atestiguadas. Que quien esculpe la estatua enloquezca al terminarla: se da como un «se dice», sin fuente de campo. Que el alcohol puro sea «la orina del Tío». Que Tío y Pachamama formen una pareja sexual cuya unión genera las vetas: sólo en un texto no publicado. Y que el campo de June Nash sea Siglo XX de Llallagua: ninguna de las fuentes abiertas lo establece, y mientras no se establezca no se escribe.

El grado indica cuánto está documentada la entrada, no cuánto interesa. Cómo se asignan los grados.

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