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B — parcialmente documentado

Chupacabras

Puerto Rico
Canóvanas, barrio Campo Rico, y el valle del río Grande de Loíza; para el precedente de 1975, Moca y el barrio Parcelas Mamey en el noroeste de la isla

Chupacabras — el depredador nocturno que mata las cabras dejando dos orificios en el cuello, nacido en Puerto Rico en 1995 y documentado día a día por los periódicos y por los laboratorios.

Noche en un corral de cabras: el cono de luz de una linterna sostenida baja ilumina una cabra muerta sobre la tierra batida y dos pequeños orificios en el cuello; dentro del cono una gallina viva se aleja; fuera del cono, apenas legible, la silueta de un hombre de pie que sostiene la linterna. Única fuente de luz la linterna. Ningún texto.
Variantes y nombres
chupacabras es la forma puertorriqueña y caribeña, con la -s también en singular; chupacabra predomina en México y en inglés. Compuesto transparente de chupar y cabras. No debe confundirse con el vampiro de Moca, nombre que la prensa dio en 1975 a un caso distinto, ni con la gárgola de Barceloneta, variante local más tardía. La palabra, sin embargo, no nace en 1995: el español tiene desde hace siglos chotacabras, nombre de un ave nocturna del género Caprimulgus, que la Real Academia deriva «de chotar y cabra», con chotar en el sentido de chupar. Es el calco del latín caprimulgus, y Plinio (Naturalis historia X, 115) describe a los caprimulgi como ladrones nocturnos que entran en los apriscos, chupan las ubres de las cabras y las dejan ciegas. Jason Colavito documenta chotacabra impreso en Puerto Rico al menos desde 1948; que chota- se convirtiera luego en chupa- por la obsolescencia del verbo es una hipótesis suya, no un dato.
Qué se cuenta
Un depredador nocturno que mata cabras, ovejas, gallinas y conejos dejando en el cuello o en el pecho dos o tres orificios pequeños y profundos, y que según los testigos vacía de sangre el cadáver sin comerse la carne. La descripción física que ha tenido fortuna es una sola, la que dio en Canóvanas en agosto de 1995 Madelyne Tolentino: un bípedo de entre uno y un metro y medio de altura, piel gris sin pelo, cabeza ovalada, ojos grandes y oblicuos, extremidades larguísimas, dedos palmeados y una fila de púas a lo largo de la espalda. El alcalde de Canóvanas lo daba también alado, con una lengua larga para chupar. Desde 2000 la figura cambia de cuerpo: en los casos tejanos y mexicanos el chupacabras ya no es un bípedo alienígena sino un cuadrúpedo lampiño, de hocico alargado y piel gris azulada, cuyos cadáveres se fotografían, se pesan y se congelan. Las dos imágenes conviven todavía, y la segunda es la que circula más.
Para qué servíalectura del autor
No tiene la función de un ser de aldea: no asusta a los niños, no hace respetar una prohibición, no explica un lugar. Sirve para dar un nombre público a una pérdida — animales muertos, ningún culpable, ninguna indemnización — y sirve para que se vea que alguien actúa: el alcalde de Canóvanas organiza expediciones de caza, y la batida es el rito. Sirve también para decir, sin decirlo, que en la isla se hacen cosas decididas en otra parte: la sospecha del experimento escapado de una base militar pertenece a la figura desde el principio. Lauren Derby lee el pánico como rumor que construye una conciencia histórica colectiva en un país donde el poder siempre ha sido externo. La televisión hizo el resto: la misma figura ha servido en México, en Chile y en Texas para poner en palabras pérdidas distintas entre sí.
Dónde está atestiguado
El precedente, que no es lo mismo: El Vocero de San Juan abre el 25 de febrero de 1975 con los animales desangrados de Moca, el 10 de marzo de 1975 titula por primera vez «el vampiro de Moca» y cierra el 31 de julio de 1975; el corresponsal era Augusto «Tute» Vale, y con el fin de la cobertura terminaron también las muertes (reconstrucción con las fechas en el episodio «Un vampiro entre nosotros» de Radio Ambulante). El chupacabras empieza el 11 de marzo de 1995, cuando ocho ovejas, una vaca y un toro son hallados muertos en Orocovis y Morovis; el nombre aparece en la prensa y en la televisión alrededor de septiembre de 1995. La cronología está en el capítulo «El chupacabras y el impacto social de una creencia mediatizada», en Vida en el universo. Del mito a la ciencia, edición de Ricardo Campo, Lulu y Fundación Anomalía, 2008, reeditado en la revista Pensar, que concluye: «el chupacabras, como tal, aparece en 1995». El testimonio de Madelyne Tolentino lo recogen en 1996 Lucy Pla y José Manuel Rodríguez y está traducido en Scott Corrales, Chupacabras and Other Mysteries, Greenleaf, Austin, 1997; Benjamin Radford la vuelve a entrevistar en 2010 y publica Tracking the Chupacabra. The Vampire Beast in Fact, Fiction, and Folklore, University of New Mexico Press, 2011. Lectura histórica: Lauren Derby, «Imperial Secrets: Vampires and Nationhood in Puerto Rico», Past and Present, 199, suppl. 3, 2008, pp. 290-312.
Atención
Grado B por una sola razón: no he abierto ninguna página de periódico. Las fechas de 1975 y de 1995 me llegan de reconstrucciones bien hechas, no de los números de El Vocero; de El Nuevo Día he encontrado solo noticia de un artículo sobre la tesis de Radford, «El chupacabras nació de una película de 1995», sin fecha. No he leído por entero ni el libro de Radford ni el artículo de Derby, y no he visto Más humortivación de Silverio Pérez (2000), en el que se apoya la atribución del nombre: ya en 1996 una reconstrucción en Contacto OVNI daba en cambio a los periodistas como autores del calco sobre «chotacabras». También el inicio de la oleada oscila: diciembre de 1994 en una fuente, 11 de marzo de 1995 en otra.

Sobre la película conviene separar los planos. Radford demuestra que Species se estrenó el 7 de julio de 1995, un mes antes del avistamiento; que la criatura diseñada por H. R. Giger tiene ojos oblicuos y cresta dorsal; que Tolentino había visto la película y lo dijo ella misma, «era un ser que se parecía al chupacabras»; y que su relato ha cambiado, porque en 1996 la madre perseguía a la criatura y un muchacho la capturaba, mientras que en 2010 las dos mujeres miraban desde dentro de la casa, y ningún otro testigo se ha presentado. Sigue siendo hipótesis que la película produjera la percepción o el recuerdo: la dirección del nexo la establece él, no el documento, y el testimonio de 1996 estaba ya mediado por ufólogos. Los animales muertos de marzo son anteriores a la película: explicaría el monstruo, no los cadáveres.

Dos cosas que se leen en todas partes son falsas. El chupacabras no es «el vampiro de Moca»: otro caso, otro lugar, veinte años antes, y en 1995 nadie lo invocó. Y no es taíno ni precolombino: ninguna atestiguación es anterior a 1995. El pasado lo tiene la palabra, no la criatura.

El grado indica cuánto está documentada la entrada, no cuánto interesa. Cómo se asignan los grados.

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