El Cadejo
Guatemala
altiplano guatemalteco, de la capital a Sacatepéquez y Amatitlán; la misma figura en El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá
El Cadejo — el perro de pelo enmarañado y ojos de ascua que en Guatemala y en América Central aparece de noche en los caminos a quien vuelve de la cantina: negro cuando ataca, blanco cuando acompaña

- Variantes y nombres
- el cadejo, siempre con el artículo; en Costa Rica el singular es el cadejos, con la s pegada al nombre, y así lo registran los diccionarios costarricenses desde 1892. El Diccionario de americanismos de la ASALE (2010) da la entrada para Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá, y distingue cadejo blanco, «cadejo bueno que conduce a los borrachos», de cadejo negro, «cadejo malo que extravía a los borrachos en el camino»; registra también los modismos andar como el cadejo y cargarse el cadejo, y en Honduras y Nicaragua el adjetivo cadejo dicho de una persona «mala, perversa».
La etimología no es un misterio: el diccionario de la Real Academia imprime cadejo como «cruce de cadarzo y madeja» y da como primer significado «parte del cabello muy enredada», el mechón enmarañado. La derivación de cadena, por la cadena que el animal arrastra, es una etimología popular: no la he encontrado sostenida por ningún estudioso. Santiago I. Barberena, en los Quicheísmos de 1894, propuso en cambio dos raíces quichés, gax «encender» y teh «abrir», es decir «(ojos) encendidos y abiertos». En Honduras cadejo es también el nombre de un animal real, el tayra (Eira barbara); en Argentina significa «porción de lana lista para hilar». - Qué se cuenta
- Las primeras descripciones impresas no concuerdan sobre el número y concuerdan sobre todo lo demás. Carlos Gagini, en 1892, hace de él «un enorme perro negro, de ojos encendidos y pelo largo y envedijado» que a las altas horas de la noche sale a asustar a los transeúntes y a los caballos. Ramón A. Salazar, en 1896, lo recuerda por las calles de la capital guatemalteca como «perro lanudo, con ojos de carbunclo y patas herradas»: perro de pelo largo, ojos de carbunclo, patas con herraduras. Adrián Recinos, en 1916, escribe que el cadejo «tiene la figura de un perro negro o blanco, según la localidad», con los ojos encendidos como ascuas; aparece en los caminos y en las calles oscuras, asusta a caminantes, enamorados y noctámbulos, hace desbocarse a las cabalgaduras, que desarzonan a los jinetes, y hace aullar a los perros.
A Alberto Membreño, en Honduras en 1895, le resulta en cambio un cuadrúpedo con los ojos rojos y, al parecer, también cuernos, porque corneaba a los borrachos que encontraba por la calle a altas horas de la noche. La cadena arrastrada y la pareja blanco-negro entran en las fuentes más tarde. - Para qué servíalectura del autor
- El cadejo vigila la hora y el lugar en que un hombre adulto no debería encontrarse: el camino de una casa a otra después de la cantina. Membreño en 1895 lo muestra ya aplicado a una sola cosa, cornear a los bolos, los borrachos; los informantes recogidos por Celso Lara Figueroa le asignan la tarea de «cuidar que no les pase nada a los bolos que se quedan tirados en las calles», y otro añade que si te encuentra tendido y te lame la boca «ya lo jodió para siempre». Al regreso entero le da un acompañante; a los moratones y a la noche en la cuneta, una causa con un nombre. Fuera del relato el nombre se vuelve medida del fracaso: «me salió el cadejo» significa, ya en 1916, salir mal en una empresa o ser atrapado por la justicia.
- Dónde está atestiguado
- La primera atestiguación fechada que he podido rastrear es lexicográfica y costarricense: la entrada «Cadejos» del Diccionario de barbarismos y provincialismos de Costa Rica de Carlos Gagini, 1892 (algunas fichas dan 1893). No he abierto ese volumen, pero he leído su texto citado a la letra dos veces: en los Quicheísmos de Santiago I. Barberena, San Salvador 1894, capítulo XXXI, leídos íntegramente en Internet Archive, y en un artículo académico de 2012 que da la página (Gagini 1892: 13).
Siguen tres testimonios de los años noventa del siglo XIX, todos leídos por entero en la red: Alberto Membreño, Hondureñismos, 1895 (entrada «Cadejo»; la he leído en la segunda edición, Tegucigalpa 1897, p. 27, en Internet Archive), que cuenta también de un capitán de infantería corneado por las calles de Tegucigalpa y añade que «hace muchos años que dejó de salir»; y Ramón A. Salazar, El tiempo viejo. Recuerdos de mi juventud, Guatemala 1896, p. 125.
La primera descripción en una revista científica es de Adrián Recinos, «Algunas observaciones sobre el folk-lore de Guatemala», Journal of American Folk-Lore 29, 1916, pp. 559-566, leída por entero en Internet Archive. La pareja blanco-negro llega después: en fragmento la he fechado en 1946 en 100 años de Managua de Ernesto Barahona López, y la encuentro desarrollada en Enrique Peña Hernández, Nicaragua Indígena 1956 y luego Panorama masayense, 1957, p. 57, con la lucha sangrienta entre los dos. En Guatemala las recopilaciones universitarias son las del Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos: Tradiciones de Guatemala, vol. 5, 1976, p. 294, y Celso A. Lara Figueroa, Leyendas y casos de la tradición oral de la ciudad de Guatemala, Editorial Universitaria, pp. 71-72, donde por fin hablan los informantes. - Atención
- Grado B, y el límite con la A es preciso. Tengo una primera atestiguación fechada y dos cadenas de citas que la confirman palabra por palabra, he leído íntegramente Barberena 1894, Membreño 1897, Salazar 1896, Recinos 1916 y Baratta 1951; pero el diccionario de Gagini no lo he abierto, los testimonios de los informantes de Lara Figueroa los he leído citados por un artículo de 2019 y no en el libro, las fuentes anteriores a 1970 sobre la pareja blanco-negro las he visto solo en fragmento en Google Books, y sobre todo ninguno de los relatos que he podido leer lleva nombre del informante, fecha y lugar de la recogida. Ese es el dato que falta.
No se sostiene el «origen maya precolombino». No conozco ninguna atestiguación anterior a 1892, y se puede decir de dónde viene la idea: Barberena en 1894 descompuso cadejo en dos raíces quichés, pero en la misma página hizo lo mismo con calchona, que es chilena, y el método se desmiente por sí solo. Baratta en 1951 usó después la palabra española moderna para describir máscaras de fiestas prehispánicas, y la retrodatación quedaba hecha. Lara Figueroa, que es el recolector principal, sitúa el núcleo de la leyenda en la Europa medieval, llevado por las colonias. Tampoco se sostiene Asturias como fuente etnográfica: la «Leyenda del Cadejo» de las Leyendas de Guatemala (Madrid, Ediciones Oriente, 1930) es literatura, e inventa una trama que en las recopilaciones no está — la novicia Elvira de San Francisco, el monasterio de Santa Catalina, el hombre-adormidera que se transforma en el Cadejo cuando ella se corta la trenza. Por último he eliminado el olor a azufre: no lo he encontrado en ninguna de las fuentes que he leído. Y el cadejo no es un nahual: ninguna fuente dice que sea alguien.
El grado indica cuánto está documentada la entrada, no cuánto interesa. Cómo se asignan los grados.