El Silbón
Venezuela
los Llanos venezolanos: las dos fuentes más antiguas que he leído, de 1952 y de 1953, lo sitúan en algunos distritos de los estados Portuguesa y Barinas; textos posteriores lo atestiguan en Apure y Guárico y en los Llanos Orientales colombianos (Casanare, Arauca, Meta)
El Silbón — el espectro silbador de los Llanos venezolanos, que lleva en un saco los huesos de los padres que ha matado

- Variantes y nombres
- El Silbón significa «el que silba», de silbar con el sufijo aumentativo -ón. El léxico español documenta la palabra mucho antes que la figura llanera, y con otro referente: en los manuales de zoología y en los diccionarios del siglo XIX silbón es el nombre del ánade silbón, el pato Anas penelope, «así llamado por el silbido agudo que produce» (Laureano Pérez Arcas, Elementos de zoología, 1861; Marcial Valladares, Diccionario gallego-castellano, 1884; Diccionario enciclopédico hispano-americano, 1887 y 1896; Emilio Ribera Gómez, Elementos de historia natural, 1890: todos vistos en vista previa en Google Books). La homonimia no debe confundirse con la figura del llano.
Tiene sinónimos documentados. El léxico de Juan Correa Venezuela en el corazón (2009), que cita a Ramón Boscán Ávila, Los bongueros del Canaguá (Caracas 1973, p. 15), registra «Sinónimos: el Silbón, Sin-fin (Llanos de Barinas)»; en la red circula también Finfín. En la vertiente colombiana se lo llama también El Silbador.
Debe mantenerse distinto de las otras figuras del llano, que las fuentes enumeran junto a él y no confunden con él: La Sayona, La Llorona, El Gritón (José del Real Montilla, Así es Barinas, 1974, p. 38), La Madremonte, El Judío Errante (Silvia Aponte, El pescador de tradiciones, 1990, p. 42). La Wikipedia española lo cataloga también entre las «Leyendas de Costa Rica»: es un error de categoría, no un dato. - Qué se cuenta
- La primera descripción impresa que he podido leer es de 1952: es «el terror del llano», ha matado a sus padres y lleva sus huesos en un saco; ha perdido la falange del meñique y la busca por la eternidad; se anuncia con un silbido agudo; es tan alto que toca los cables de la luz eléctrica, que al contacto hacen un pequeño ruido; lleva pantalones cortos y un sombrero de cogollo. Se apareció a un hombre a lomos de un burro con el aspecto de una persona cualquiera y le pidió que lo llevara. Es «el alma condenada de un parricida que vaga de noche silbando, como quien llama a alguien». Un texto de 1953 lo da como leyenda popular en algunos distritos de Portuguesa y Barinas, y dice que el silbido «se oye a grandes distancias». El saco de huesos como cosa que se encuentra en el camino, y mata en el acto a quien la halla, aparece en un libro de 1954.
La versión hoy canónica — las asaduras de ciervo exigidas al padre, las vísceras cocinadas, el ají en las heridas, los perros lanzados por el abuelo, la escala do re mi fa sol la si, los seis metros de altura, el recuento de los huesos delante de la casa — no está en ninguno de esos textos. La regla según la cual el silbido oído lejos significa que está cerca la he encontrado en un relato colombiano de 1980. - Para qué servíalectura del autor
- El dato funcional mejor documentado que he encontrado no se refiere a la moral sino a la vida social: un volumen de la serie Estudios regionales: sistemas ambientales venezolanos (1988) escribe que el llanero no organiza convites ni bailes en casa por temor a El Silbón, y que El Silbón «no tolera la risa». El miedo, aquí, no sirve para corregir los vicios: suspende las fiestas. Las fuentes populares, en cambio, lo hacen golpear a los borrachos y a los mujeriegos que andan de noche, e indican tres defensas al alcance de todos: un perro, un látigo, un ají.
El relato pertenece al repertorio de los cuenteros del llano: Daniel Mato, que en los años ochenta los entrevistó, nombra a El Silbón y a La Sayona entre las historias que se cuentan. La fórmula «leyenda de control social» circula mucho en la red y en los textos divulgativos, pero no la he encontrado argumentada en ningún estudio que haya podido abrir. - Dónde está atestiguado
- La primera atestiguación impresa fechada que he encontrado es Santos Erminy Arismendi, Huellas folklóricas: tradiciones, leyendas, brujería y supersticiones, Caracas, Editorial Oceánida, 1952, 287 pp., entrada «EL SILBON» en la p. 223: he leído el texto de la página en vista previa por fragmentos en Google Books, recomponiéndolo con varias búsquedas de frase, no he hojeado el volumen. Un registro de Google Books da 1950 como año; Open Library y la ficha principal dan 1952. Sigue la revista escolar venezolana Tricolor (Ministerio de Educación), vol. 5, 1953, con la localización en Portuguesa y Barinas; después Aurelio Martínez Mutis, Biografía de Elena Mutis, 1954, p. 233, con la bolsa de huesos. No he encontrado nada anterior a 1952 en Google Books, y no he podido consultar las revistas folclóricas venezolanas de los años cuarenta y cincuenta.
Corroboraciones posteriores, todas vistas en vista previa por fragmentos: José del Real Montilla, Así es Barinas, 1974; José Antonio León Rey, El pueblo relata, 1980, p. 188, relato colombiano con el silbido que «sonaba muy lejos»; Cuentos apureños: antología, 1984; Daniel Mato, El arte de narrar y la noción de literatura oral, Caracas 1990, p. 80; Mercedes Franco, Diccionario de fantasmas, misterios y leyendas de Venezuela, 2001. La Enzyklopädie des Märchens lo nombra en el artículo sobre Venezuela (p. 68) y remite a Luis Arturo Domínguez, Documentos para el estudio del folklore literario de Venezuela, Caracas 1976. Margarita Safar, Sinópsis de los informes de viajes, 1947-1975 (2005), p. 42, señala «silbón» entre los materiales recogidos de la informante Zoraida de Betancourt en una misión del servicio folclórico venezolano: es la mejor pista de archivo, pero del fragmento no he sacado el año de la misión. - Atención
- Grado B. La primera atestiguación fechada existe y la he leído, pero en fragmentos de vista previa: no he abierto por entero ninguno de los textos que cito, no he identificado quién recogió el relato en 1952 ni de quién, y el periodo anterior queda inexplorado porque las revistas folclóricas venezolanas de aquellos años no me resultaban accesibles. Sobre todo, no existe literatura científica que citar: en SciELO la palabra da un solo resultado, y es el pato; en Dialnet ninguno de los tres resultados se refiere a la figura; en OpenAlex hay dos preprints SSRN de 2025 y poco más. Ningún diccionario de folclore, ninguna monografía, ningún trabajo sometido a revisión.
Qué no se sostiene. El origen «precolombino» o «indígena» no tiene fuente, y el texto de 1952 lo contradice por sí solo: el rasgo que lo identifica es que es tan alto que toca los cables de la luz eléctrica. La Wikipedia española da como «primer informe» mediados del siglo XIX: sus notas remiten a sitios divulgativos y a blogs archivados, no a un texto del siglo XIX, y yo no he encontrado ninguno. Los nombres de los perros no se sostienen: «perro Tureco» y «perros del Diablo» los he visto solo en Wikipedia, en Scribd y en blogs, nunca en un libro; «Cuatro Ojos» no da un solo resultado, en ninguna parte. Tampoco se sostiene la idea de que la versión corriente sea la antigua: en 1952 el muerto ha matado a sus padres, no solo al padre, busca por la eternidad la falange perdida del meñique — detalle hoy desaparecido — y no hay perros, ni ají, ni escala musical, ni regla invertida del silbido. En otras versiones la víctima es el hermano. De la relación con el viento y con el mal de ojo no he encontrado rastro en ninguna fuente impresa.
El grado indica cuánto está documentada la entrada, no cuánto interesa. Cómo se asignan los grados.