Saltar al contenido
B — parcialmente documentado

Zugarramurdi y el auto de fe de Logroño

España
Navarra: los procesados vienen de Zugarramurdi, Urdax y otras localidades del Baztán; el tribunal está en Logroño, en otra región, y allí se celebra el auto de fe

Zugarramurdi y el auto de fe de Logroño — el mayor proceso por brujería de la historia española, y el documento que lo desmonta: fue uno de los tres inquisidores, Alonso de Salazar Frías, quien demostró desde dentro que la secta no existía.

Una habitación desnuda de 1611: el inquisidor Alonso de Salazar Frías, sentado ante una mesa cubierta de papeles, escucha a una niña de pie frente a él mientras un notario escribe. A su espalda un arcón abierto lleno de memoriales. Una sola vela. Ningún aquelarre, ninguna cueva, ninguna hoguera.
Variantes y nombres
la palabra que el proceso entrega al castellano es aquelarre, en vasco akelarre, de aker «macho cabrío» y larre «prado»; antes de 1609 está atestiguada solo como nombre de campo — aquerrlarea en Ituren en 1525, aquerlarrea en una encuesta de Araiz de 1595, con grafías que oscilan («Aguer lurra» 1510, «Aquelurra» 1573)
Qué se cuenta
Entre diciembre de 1608 y noviembre de 1610 una denuncia traída de más allá de la frontera se convierte en el mayor proceso por brujería de la historia española. El 7 y el 8 de noviembre de 1610, en Logroño, suben al cadalso cincuenta y dos reos por toda clase de delitos; once son relajados al brazo secular, y de estos seis en persona — los demás en efigie, por haber muerto en la cárcel. La afluencia, según Henningsen, pudo llegar a treinta mil personas.

Después ocurre lo que hace este proceso distinto de todos los demás: uno de los tres inquisidores, Alonso de Salazar Frías, que había votado contra la condena a muerte de la principal acusada, recorre la región con el edicto de gracia de 1611, reúne 1.802 presentaciones —de las cuales 1.384 de niñas menores de doce años y niños menores de catorce— y concluye que la secta no existe. Desmonta el proceso desde dentro, con los instrumentos de la institución.
Para qué servíalectura del autor
El caso le sirve al atlas por una razón sola y precisa: es el lugar donde se puede medir cómo nace una creencia de masas. Salazar no argumenta que el diablo no exista —no podría, y es un inquisidor—: argumenta que las pruebas no se sostienen, que las confesiones de los niños se contradicen, y que el fenómeno crece en proporción a cuanto se habla de él. El remedio que propone en el memorial segundo no es un nuevo edicto: es el silencio.
Dónde está atestiguado
Gustav Henningsen, «La brujería y la Inquisición», Príncipe de Viana 278, 2020, pp. 1013-1031, y «Los documentos de Alonso de Salazar Frías. Una polémica sobre la brujería en España, 1610-1614», ibid., pp. 947-968, más «De la caza de brujas al culto de brujas», ibid., pp. 969-974: son tres textos del propio editor de las actas, en acceso abierto. Bárbara Santiago Medina, «Los memoriales como fuente para el estudio de la Inquisición en el Tribunal de Navarra (1609-1621)», Príncipe de Viana 279, 2021, pp. 247-274, para las fechas de los siete memoriales, las cifras del edicto y las signaturas. Juainas Paul Arzak, «El aquelarre, una invención afortunada», Gerónimo de Uztariz 23/24, pp. 9-40, para la historia de la palabra. Eva Lara Alberola, Revista de Humanidades 30, 2017, pp. 43-74, para la relación impresa.

La frase de Salazar, que va de memoria por toda la historiografía, aquí está colacionada: «No hubo brujos ni embrujados hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos» — Henningsen, PV 278, p. 1029, que en nota la cita como Doc. 12.71 de su propia edición The Salazar Documents, Brill 2004. Es lo máximo que puede tenerse sin abrir Brill: no es una cita de segunda mano, es el editor de las actas citando su propio número de documento.

Archivo: AHN, Inquisición, leg. 1683, exp. 1 para los memoriales de Salazar; lib. 361, ff. 66v-67r para su nombramiento, 23 de marzo de 1609. Ninguna fuente primaria del siglo XVII se ha abierto para esta ficha: ni la relación de Mongastón de 1611, ni los memoriales en Brill, ni Lancre, ni Pedro de Valencia. Esa es la razón del grado B.
Atención
La frase, en las formas en que circula. La he encontrado en tres lecciones distintas, y dos de tres no tienen referencia primaria: una con «brujas» en femenino y «se habló y se escribió de ello», remitida a un manual; otra con «hasta que no se comenzó», sin nota alguna. Solo la de Henningsen lleva el número de documento. Y hay que decir que es brujos, masculino, y que «en el lugar» no está: es un añadido de la repetición. Cuál de los siete memoriales es el Doc. 12, y con qué fecha, no lo sé: no me lo invento.

El número de víctimas. El núcleo sólido es once relajados, seis en persona. Cualquier cifra de tres o cuatro ceros dada como ejecuciones confunde a los quemados con los 1.802 presentados al edicto, o con los treinta mil espectadores: ahí es exactamente donde nace el inflado.

Y el recuento de las efigies no cuadra, dentro de la mejor fuente. En la misma página de Henningsen conviven «trece muertas durante el proceso, salidas en efigie» y, en nota, «ocho muertos», mientras que once relajados menos seis vivos dan cinco. Tres cifras incompatibles. No las allano: quien escribe «cinco en efigie» está haciendo una resta, no citando un documento.

La cueva. Las cuevas de Zugarramurdi, con el arroyo hoy llamado Infernuko erreka, son el sitio que se visita. Ninguna de las fuentes abiertas para esta ficha las nombra, y la etimología misma apunta a otro lado: larre es un prado, y la palabra nombró primero el lugar y después la asamblea. La identificación de la cueva como sitio del aquelarre hay que tratarla como posterior mientras no se encuentre un acta que lo diga. El museo del pueblo es institución de divulgación: no es una fuente, y sus paneles no se citan.

Salazar «escéptico moderno». No: fue un inquisidor que ganó en parte una controversia interna. Las Instrucciones de la Suprema del 29 de agosto de 1614 recogen catorce de los veinte artículos de su memorial séptimo casi al pie de la letra, pero rechazan sus dos peticiones más radicales —quitar el artículo sobre brujería del edicto de fe, y procesar al cura de Vera y a dos comisarios—. Y no era el primero: una junta de Granada ya había producido instrucciones escépticas en 1526.

«Desde 1614 la Inquisición española no quemó más brujas.» Es una tendencia, no un interruptor: en 1621 ocho presuntas brujas fueron quemadas, y Salazar redactó una relación después de ese hecho.

Una cronología que hay que reformular. La vulgata hace descender Zugarramurdi de la persecución de Pierre de Lancre en el Labourd, fechada en 1609. Pero la denuncia española es de diciembre de 1608 y la trae María de Ximildegui, que venía de Ciboure, donde la caza ya estaba en marcha. El contagio cruza la frontera antes de la comisión de Lancre tal como suele fecharse. El lado francés no lo he abierto: lo señalo como problema, no lo resuelvo.

El grado indica cuánto está documentada la entrada, no cuánto interesa. Cómo se asignan los grados.

En el mismo país

Afines por tema

Entradas que comparten el motivo, el fenómeno de fondo o la historia de su recogida — no la geografía.

← Volver al atlas del mundo